29 de mayo de 2012

La cama de al lado

Fotografía FM

La cama de al lado, en donde mi padre permanecía hospitalizado, estaba vacía, y en un instante se llenó de vida, de una vida ya vivida y de un sin vivir perecedero anunciando la propia esencia del ser humano: la muerte.
El viejecito llegó con un infarto trayendo consigo sus heridas ulceradas por el largo periodo que había pasado en cama sin apenas moverse. Sin familia y abandonado, vino acompañado de una chica rumana a la que había contratado hace tiempo para asistirle.
Su mujer falleció hace dos años y al no tener familia se encontraba expuesto a los avatares interesados de un clan rumano que se había instalado en el pequeño pueblo donde vivía y del que su cuidadora formaba parte.
En la noche daba voces repletas de desconfianza para demostrar con sus órdenes que quien mandaba aún era él. La chica rumana, con sus grandes ojos morenos, clavados en los míos, cumplía con exquisita frialdad su cínica obediencia, marcada en su rostro con un cierto gesto de desprecio. Entre apagadas conversaciones en rumano y miradas oscuras escondidas, pasaban los minutos que eran días mascando el tiempo por segundos.
A mi padre le dieron el alta médica y allí quedó la historia con su enigma. El viejecito seguía dando voces quizás en busca de una ternura correspondida...
¿Quien nos cuidará a cada cual cuando estemos enfermos...? ¡Ojalá alguien que nos quiera!