Dibujo - FM
Mi amigo José Moraleda Moraleda dice:
Me asomé a la marmita de la noche,
donde cuecen las horas trasegadas
al sueño,
donde nada se alcanza
y todo se confunde,
donde la claridad se desmorona,
anegada en silencio
que discurre por cualquier agujero
hasta dar con los bordes del insomnio
indeciso;
me asomé, digo,
a ver si te encontraba,
y te llamé desde el alba al ocaso,
desde los pozos hasta el cielo,
con el afán a cuestas de saber si existías.
Puedes decirme que ya no te interesa
vengarte de la vida,
y que estás en lo oscuro,
refugiada del hálito que produce la infamia.
Yo seguiré nadando en la nada profunda
que nos acoge a todos,
a todos, digo,
sin par de diferencia,
aunque tú disimules que estás fuera
de todo,
disfrutando el reclamo
de la orgiástica hora que tú crees que dominas
y que ahonda en el tiempo sombrío
que se nos viene encima,
con la fuerza del toro sangrando para el luto.
Aún tengo el recorrido pendiente
del ensueño,
prendido de otros sueños que nos sueñan
con la metralla dentro,
a punto de rompernos
en las verdades que tanto
se distancian
de todo lo que somos.
Dispárame a mi vida,
con disparo directo y
vengativo,
y estarás disparando al
agujero negro
que traslada el disparo
al tiempo y al espacio
que, al unísono,
extienden el mantel no acabado,
donde bordan con hilos de
mentira suprema
el encaje perfecto de la
desolación y la miseria.
Dispárame, si quieres,
porque yo ya no existo
y no puedes rozarme con
tus balas.
Tengo como un alud de
presagios vacíos
que envuelven la tristeza
de saberme augurado por
la pereza grávida
de un desencanto seguro y
doloroso.
No dispongo del cuerpo
para morirme en serio
cuando tú sin anuncios me
mataras.
Ahora que ya me tienes
cabalgando sin bridas
por la nada más firme,
guardián de tus silencios
inerciales
que envuelven las
distancias
en soledad y desamor,
y blindan las costuras
del infierno,
ahórrate el disparo
para cuando despiertes
del letargo,
y entonces, sí,
acopia de las balas la
ojeriza,
levantada la sangre como
un mástil,
el silencio encendido
como un hachón de muerte,
el desierto embocado en
la punta del alma,
y dispara sin miedo al
infinito
para que puedas exorcizar
tus veleidades,
las que mejor definen
la penumbra suave
que te mantiene en el hueco del acero
de tus satisfacciones onerosas;
dispara al centro de la aurora
y provoca una lluvia de luciérnagas,
un diluvio continuo de caricias,
una torrentera de ternura
que suspenda por siempre la ofensiva;
derrama tu locura suprema
sobre los corazones oxidados,
para que todos sepan que no has muerto.
No es mi color el negro,
el negro sobre negro,
el renegro más negro
aunque no lo parezca,
pero se tenga a sí
más negro que el renegro
insobornable y claro,
como el círculo negro de tu olvido.
José Moraleda Moraleda
Finalista Verso II Concurso Cultural Europeo FEAFAS
Madrid

....Yo seguiré nadando en la nada profunda.....
ResponderSuprimirUn placer leer el bello poema de tu amigo José Moraleda, y un placer recuperar este blog del que nunca me he ido.
Un beso.
ROSA
Gracias Rosa por estar ahí, como el "círculo negro de tu olvido"....
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