24 de julio de 2009

Ser Vivo

Fotografía: FM

En la lenta agonía a la ausencia de la vida uno piensa que antes de existir ya había o al menos estaba muerto. Las condiciones indispensables para crear la vida son equiparables, y en muchos de los casos inferiores, a las de la muerte. El deseo de crear equivale al de morir. La sensación que se experimenta al ser consciente de la existencia es igual, en cada instante, a la posibilidad de morir. El destino de ser creado es el destino de ser muerto; la voluntad es la misma, aunque en el caso de la muerte sea deseada por tus hijos, y no por tus padres, o por ti mismo.

Yo sólo soy consciente de mi vida (?) y no sé lo que era de mí antes de nacer: ¿nada? Nada.

Al mismo tiempo, dudo mucho sepa lo que seré después de agonizar. No sé porqué lo dudo, cuando el sentimiento que produce tal interrogante es totalmente fatuo; y uno se abandona a los deseos de su naturaleza, a las exigencias de su cerebro o a la tortura de sus padecimientos.

Se puede desear vivir y se puede desear morir, pero no nacer. Así pues, salimos ganando en lo más tremendo de nuestra existencia. ¡Como si nacer fuera lo más normal del mundo...!